El cine durante la Gran Guerra. 2. La ficción aliada

Emilio G. Romero
Escritor

    En el nr. 10 de Hallali. Revista de estudios culturales sobre la Gran Guerra y el mundo hispánico (2013) vamos a publicar cuatro artículos de Emilio G. Romero sobre El cine durante la Gran Guerra. Forman parte del capítulo 13 de su libro, reseñado en estas páginas, La Primera Guerra Mundial y el cine. El refugio de los canallas (Madrid, T&B Editores, 2013).

scansione0063Fotograma de Maciste alpino (Borgnetto/Maggi/Pastrone, 1917)

Antecedentes

Como señala Guillermo Altares [Esto es un infierno. Los personajes del cine bélico, 1999], ya a fines del siglo XIX están documentadas unas primitivas filmaciones de combate en la guerra turco griega de 1897 o en la de Cuba, entre Estados Unidos y España, aunque tales imágenes no hayan llegado a nuestros días. El mismo autor sitúa la primera filmación bélica conservada en la Guerra de los Boers sudafricana (1899-1902), parece ser, obra de John Bennet Stanford. Durante esa guerra colonial surgió la primera dicotomía entre filmación en el lugar, lo que además de Stanford también hizo Laurie Dickson, o la propuesta del director de los Estudios Edison, James White, que prefirió montar los escenarios de Transvaal en Nueva Jersey para ahorrar dinero. Se esbozaba así la primera reconstrucción de hechos históricos como alternativa a su filmación directa. Posteriormente hemos visto algunas imágenes de las Guerras de los Balcanes de 1912 y 1913 previas a la Gran Guerra:

Sin embargo, mientras esas actualidades y noticiarios alcanzaban gran difusión, poco se ha hablado del papel de una incipiente ficción cinematográfica bélica en los albores de 1914. Con aquella doméstica maqueta del Maine que Meliés hizo estallar en una bañera en El acorazado Maine (1898), el pionero francés creó un género híbrido entre documental y artificio con las llamadas “actualidades reconstruidas” que inauguran una difícil carrera de la ficción histórica marcada durante años por su carácter fantasioso y poco creíble:

Siguiendo esa línea, en los años previos a la Primera Guerra Mundial algunos rudimentarios mediometrajes de invención van a agitar aún más el belicista ambiente internacional. Desde los “filmes de hunos” que alrededor de 1910 rodaba Pathé ridiculizando a los germanos, hasta cintas de resentimiento contra las supuestas atrocidades alemanas en la Guerra Franco-Prusiana de 1870, en muchas salas de cine francesas se azuzaba el odio antes de agosto de 1914. Según Helmut Korte (VV.AA., 1997:351), películas como El abuelo (Pathé, 1909) exhibían a bárbaros de casco puntiagudo ahorcando a jóvenes héroes franceses. En esta película el abuelo envenenará a los germanos que han ahorcado a su nieto postrándolos a sus pies. El mismo aire de venganza recorrerá La venganza de la belga (1914), o La venganza del gurka (1915).

TheGreatWarInEnglandIn1897Por su parte, Alerté! (George Pallu-E. Berny, 1912) ya advertía sobre la inminencia de una guerra, y la británica Si Inglaterra fuera invadida (Fred W. Durrant, 1914) supone todo un complemento cinematográfico a la literatura de invasión que tenía atemorizados a los futuros contendientes. Básicamente se dedica a demonizar al enemigo alemán en un supuesto intento de invasión por el Canal de la Mancha.

Pero también existen algunos pioneros ejemplos de cine pacifista que alerta sobre las terribles consecuencias de una guerra moderna como la que podía estallar. Cintas como la franco belga ¡Maldita sea la guerra! (Alfred Machin, 1912), persiguen esta finalidad. Incluso iniciado el conflicto, la danesa ¡Abajo las armas! (Holger-Madsen, 1915) continua esta línea basándose en la novela de la pacifista austriaca Bertha Von Suttner.

Francia

Sin embargo, tanto en una como en otra tendencia hablamos de títulos aislados pues será durante la contienda cuando la descripción visual de la guerra a través de la fábula sirva para el rearme ideológico de las naciones. El poder de impresión de la máquina cinematográfica se consolidará ante las masas como vehículo para ensalzar las ideas de patria, familia y odio al enemigo. La combinación de significaciones que permite el montaje de imágenes la convertirá en el más potente difusor ideológico del siglo. De entre los primeros beligerantes solo Francia tiene una verdadera industria cinematográfica. Tanto en esta como en las más débiles de Reino Unido o Rusia, la producción y distribución decaen rápidamente tras la movilización militar de profesionales de toda la cadena industrial, desde actores a guionistas. Pero además, el público abandona momentáneamente las salas de cine ante la conmoción del terrible conflicto, y la poca industria que sobrevive se pone muy pronto al servicio de la victoria final.

Francia tardó unos meses en tener preparados los primeros cortometrajes de guerra y así en 1915 los galos ya veían en la salas L´infirmière (Henri Pouctal, 1914) con guión de Abel Gance, Mort au champ d´honneur (Leonce Perret, 1914) o Les poilus de la neuviéme (Georges Rémond, 1915), Document Secret, La petite heroine (Louis Paglieri, 1915), o Les poilus de la revanche (Leonce Perret, 1916). Sin embargo, pronto el público empieza a aburrirse de tanta guerra, miserias y dolor que ya tiene en la realidad, y demanda historias evasivas de amores, aventuras o risas.

Gran Bretaña

El drama directo al corazón o las aventuras que estimulaban la imaginación no podían quedarse huérfanos. Será la oportunidad para que una joven e incipiente industria cinematográfica americana llene las salas inglesas, italianas y francesas; expansión que consolidará a Hollywood como la meca mundial del cine. Probablemente hubiera llegado de todas maneras pero no cabe duda de que la hegemonía cinematográfica mundial de Estados Unidos se aceleró sobremanera durante la Primera Guerra Mundial. Reino Unido servirá de principal puente de ese desembarco masivo del otro lado del Atlántico quedando su esfuerzo cinematográfico absorbido por la propaganda. Claro ejemplo es la rápida recuperación de la ya mencionada Si Inglaterra fuera invadida (1914) que inicialmente abandonada sin montar, fue preparada rápidamente al estallar el conflicto y se exhibió con éxito por todo el país. Cintas como Bajo el yugo alemán (Wilfred Noy, 1915), El traidor (Cecil M. Hepworth, 1915) o Fraternidad de armas (Ernest G. Batley, 1916) nos alumbran sobre su contenido solo con el título.

El 12 de octubre de 1915 los alemanes fusilan a Edith Cavell, directora de la Escuela de Enfermeras de Bruselas, muerte que se convertirá en martirologio a favor de la causa aliada y que dará films exitosos como El martirio de Miss Edith Cavell que Percy Moran filma antes de acabar el año 1915, lo que da una idea de la rapidez de la propaganda en denunciar su fusilamiento rodando la historia en dos meses. Este error táctico alemán fue explotado inmediatamente con otras películas como Los funerales de Edith Cavell, documental filmado en 1915 por el Servicio de Cinematografía del ejército belga, o La enfermera Cavell (W.J. Lincoln, 1916) rodada en Australia para ganar adeptos a la causa.

En el cine inglés también destaca Maurice Elvey que dirige el film biográfico La vida de David Lloyd George (1918), a mayor gloria de uno de los grandes personajes británicos de la contienda.

Italia

Por su parte, Italia era la otra potencia cinematográfica europea anterior a la guerra que atesoraba algunos pioneros del medio junto con unos exteriores naturales que permitían reconstruir los dramas de la Antigüedad con bajo coste y mucha veracidad. Estas historias ambientadas en escenarios de épocas gloriosas del imperio entusiasmaban a las clases populares que se acercaron a las salas de proyección desde los inicios del cine. Cuando estalló la guerra, los primeros momentos de esperanza por la neutralidad y la falta de competencia cinematográfica de los franceses resultaron un espejismo. Al entrar en guerra en 1915, el intento de aprovechar la situación resultaría efímero con un vertiginoso hundimiento de la industria por la huida del dinero y la desaparición o exilio de muchos de sus profesionales.

Aun así se seguirán haciendo dramas históricos y algunas incursiones en el incipiente cine bélico situadas en la Primera Guerra Mundial destacando Baldasarre Negroni con En el hogar extranjero (1914) o Los horrores de la guerra (1916), y Siempre adelante, Savoya o Italia se despierta, ambas de Giulio Antamoro en 1915.

Mención aparte merece Maciste alpino (Borgnetto/Maggi/Pastrone, 1917), tercera película del héroe de la Antigüedad ahora soldado en el frente de los Alpes. Con los curiosos efectos especiales del maestro del momento, el español Segundo de Chomón, Maciste lucha por liberar a un compañero prisionero de los austriacos en los Dolomitas. Aunque en realidad estaba más cerca del entretenimiento que de la propaganda, sirvió para popularizar al forzudo entre el público italiano dando mamporros al enemigo: «Los hijos de Italia serán todos Maciste» desde esta película.

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